Los colores de las estrellas y por qué no vemos estrellas verdes

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La temperatura es la causa principal de las distintas tonalidades de las estrellas. Las más calientes tienen una apariencia azul y sus superficies pueden llegar a alcanzar temperaturas de 40.000 K; las estrellas más frías resplandecen rojas y están sólo a unos pocos miles de grados Kelvin. En medio, cuando las atmósferas son progresivamente más frías, el color de una estrella tiende al blanco, al amarillo y al naranjo. Se clasifican con las letras o, b, a, f, g, k y m, desde el azul al rojo, como se ve en la imagen de portada.

El Sol, por ejemplo, es una estrella que se encuentra en la fase denominada secuencia principal, con un tipo espectral G2 y clase de luminosidad V, por tanto, también es denominada como enana amarilla, se formó entre 4567,9 y 4570,1 millones de años y permanecerá en la secuencia principal aproximadamente 5000 millones de años más.

POR QUÉ NO VEMOS ESTRELLAS VERDES

Si calientas una barra de hierro, después de un rato brillará de color rojo, luego naranja y finalmente en un blanco azulado. Entonces se derretirá.

¿Por qué brilla? Cualquier materia que esté por encima del cero absoluto (-273ºC) emitirá luz. La cantidad de luz que emite, y lo que es más importante, la longitud de onda de esa luz, dependerá de su temperatura. Cuanto más caliente sea, más corta será su longitud de onda.

Los objetos fríos emiten microondas. Los objetos extremadamente calientes emiten luz ultravioleta o rayos X. En un rango muy estrecho de temperaturas, los objetos calientes emitirán luz visible (longitudes de onda de unos 300 a 700 nm).

Eso sí, los objetos no emiten una sola longitud de onda. Por el contrario, emiten fotones en un rango de longitudes de onda. Si usaras algún tipo de detector que fuera sensible a las longitudes de onda de la luz emitida por un objeto y midieras su número en comparación con la longitud de onda, obtendrías un diagrama asimétrico llamado curva de cuerpo negro. Es parecida a una campana de Gauss, pero se corta bruscamente en las longitudes de ondas cortas y se estira en las más largas.

El eje x es la longitud de onda (o el color, si lo prefieres), y el espectro de colores visibles está superpuesto como referencia. Puedes ver la forma característica de la curva de cuerpo negro. Conforme el objeto se calienta, se produce un apuntamiento en las longitudes de onda cortas de la izquierda.

Cuando un objeto está a 4500 Kelvins (sobre 4200º Celsius o 7600º F), tiene un máximo en la parte naranja del espectro. Si lo calentamos a 6000 K (aproximadamente la temperatura del Sol, unos 5700º C o 10.000 F) su máximo está en la zona verde-azulada. Caliéntalo más y entonces se moverá al azul, o incluso a longitudes de ondas más cortas. De hecho, las estrellas más calientes emiten casi toda su luz en ultravioleta, a longitudes de onda más cortas de la que pueden ver nuestros ojos.

Ahora espera un segundo…si el Sol tiene el máximo en la zona verde-azulada, ¿entonces por qué no se vé verde-azulado? Porque aunque su máximo sea en la zona verde-azulada, aún emite en otras longitudes de onda.

Mira al gráfico para un objeto tan caliente como el Sol. La curva apunta al verde-azulado, por lo que emite la mayoría de fotones en ese rango. Pero aún así emite otros que son más azules y otros más rojizos. Cuando miramos al Sol, podemos ver todos esos colores unidos. Nuestros ojos los mezclan para crear un color: el blanco. Sí, blanco. Algunas personas dicen que el Sol es amarillo, pero si en realidad fuera amarillo para nuestros ojos, las nubes y la nieve serían también amarillos.

¿Pero podemos jugar con la temperatura para obtener una estrella verde? ¿Quizás una que sea un poco más caliente o fría que el Sol? Pues no. Una estrella más caliente produciría más azul, y otra más fría más rojo, pero no importa lo que hicieras, nuestros ojos no la verían verde. La culpa no es de las estrellas (al menos, no del todo), sino en nosotros mismos.

Nuestros ojos tienen células fotosensibles llamadas conos y bastones. Los bastones son básicamente detectores de luminosidad  y son ciegos al color. Los conos ven los colores y hay de tres tipos: unos sensibles al rojo, otros al azul y un tercero al verde. Cuando la luz los golpea, cada uno se dispara en una cantidad diferente de veces, la luz roja (por ejemplo, de un tomate) estimula a los conos rojos, pero los azules y verdes ni se inmutan.

La mayoría de los objetos no emiten (o reflejan) un solo color, por lo que los conos son estimulados en diferentes cantidades. Con el naranja, se van a estimular el doble de conos rojos que de verdes, dejando a los azules solos. Cuando el cerebro recibe la señal de los tres conos dice «Este debe ser un objeto naranja». Si los conos verdes reciben tanta luz como los rojos, y los azules no reciben nada, entonces lo percibimos como amarillo. Y así sucesivamente.

Así que la única manera de ver una estrella verde es que solo emita luz verde. Pero como verás en el gráfico superior, es prácticamente imposible. Cualquier estrella que emita predominantemente en verde, también emitirá bastante en rojo y azul, haciendo que la estrecha se vea blanca. Cambiar la temperatura de la estrella hará que se vea naranja, amarillo, rojo o azul, pero no puedes hacer que se vea verde. Nuestros ojos simplemente no lo verían así

Pero eso no importa. Si alguna vez te has puesto a mirar al telescopio y ves la brillante Vega, la rojiza Antares o la naranja Arcturus, tampoco te importará mucho. Las estrellas no vienen en todos los colores, pero vienen en los suficientes, y son increíblemente bellas por eso.

Fuente: Discover Magazine

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