La teoría del caos

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En la mitología babilónica, Tiamat era la diosa que personificaba el mar, así como la aterradora representación del caos primigenio. El caos simbolizaba lo desconocido, lo incontrolable. En la actualidad, la teoría del caos es un campo de expansión que implica el estudio de un amplio abanico de fenómenos que son muy sensibles a los cambios en las condiciones iniciales. Aunque el comportamiento caótico suele parecer “aleatorio” e impredecible, en muchas ocasiones obedece a estrictas reglas matemátics derivadas de ecuaciones que pueden formularse y estudiarse. Una importante herramienta de investigación, de gran ayuda en el estudio del caos, son los gráficos por computador. Desde esos juguetes que emiten luces intermitentes y sin orden aparente, hasta las volutas y remolinos del humo, el comportamiento caótico suele ser irregular y desordenado; otros ejemplos son las pautas meteorológicas, ciertas actividades neurológicas y cardiacas, el mercado de valores y algunas redes informáticas. La teoría del caos también se ha aplicado con frecuencia a diversas áreas de las artes visuales.

En ciencia existen algunos ejemplos célebres y claros de sistemas físicos caóticos, como la convección térmica de los fluidos, el flameo aeroelástico en los aviones supersónicos, las reacciones químicas oscilantes, la dinámica de fluidos, el crecimiento poblacional, las partículas que chocan con una pared con vibración periódica, los movimientos de diversos rotores y péndulos, los circuitos eléctricos no lineales y el pandeo de vigas.

Los cimientos de la teoría del caos se establecieron alrededor del año 1900, cuando los matemáticos Jacques Hadamard y Henri Poincaré, entre otros, estudiaron las complejas trayectorias de los cuerpos en movimiento. A comienzos de la década de 1960, Edward Lorenz, investigador de meteorología del Instituto de Tecnología de Massachusetts, utilizó un sistema de ecuaciones para representar la convección atmosférica. Enseguida descubrió uno de los pilares del caos: a pesar de la simplicidad de las fórmulas, cambios minúsculos en las condiciones iniciales desembocaban en resultados muy distintos, impredecibles. En su artículo de 1963 Lorenz explicaba que el aleteo de una mariposa en un lugar del mundo podía afectar al clima de otro lugar a miles de kilómetros de distancia. En la actualidad, hablamos del efecto mariposa para referirnos a esta sensibilidad.

Fuente: El libro de la Física – Clifford A. Pickover

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