Ingenuidad cuántica

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Por Carlos Otto*

¿Han oído hablar del “misticismo cuántico”? ¿O de que uno es capaz de cambiar la realidad a su favor con sólo pensarlo? Una serie de “gurúes” pregonan estas ideas con perturbadora convicción. Lo peor es que, según ellos, la ciencia los respalda.

La pseudociencia y la cursi espiritualidad “New Age” han encontrado en internet y en las librerías de Mall una rápida vía para viralizarse. Logran entusiasmar a los incautos vendiendo soluciones fáciles para una vida mejor. Negocio redondo.

Pero indaguemos un poco en esto del misticismo cuántico. Autores como Fritjof Capra (“El Tao de la física”), Deepak Chopra (“Curación cuántica”) o Ramtha (“¿Y tú que sabes?”), intentan vender la idea de que la mente consciente es capaz de manipular la realidad a su antojo. Si realmente quieres algo, el sólo hecho de anhelarlo con fuerza es capaz de materializarlo. Usted, persona racional, se preguntará: ¿cómo diablos llegaron a esa conclusión? Según ellos, la respuesta está en la física cuántica.

La física cuántica se dedica a estudiar lo que ocurre con las partículas más pequeñas que el átomo. A ese nivel de pequeñez, cambian las leyes de la física clásica y ocurren cosas que a escala humana se considerarían verdaderos actos de magia. Uno de ellos es el “problema de la medición” o el “problema del observador”, que intentaremos explicar brevemente a continuación.

Todo comenzó cuando Einstein y su generación descubrieron que la luz se comportaba como onda bajo ciertos experimentos y como partícula en otros. Eso ya es demasiado extraño: ¿cómo algo puede tener una naturaleza indeterminada? ¿Ser y no ser a la vez?

Esta naturaleza “dual” de la luz originó la idea de que ciertas partículas sub-atómicas (como los fotones que componen la luz) tendrían diferentes propiedades dependiendo de cuándo y dónde se observen.

Si bien este tema intriga a los científicos hasta el día de hoy, se definió en la Interpretación de Copenhague, que el sólo hecho de “observar” estas partículas, define su naturaleza. En otras palabras, el observador tiene un rol muy poderoso en la naturaleza de estas pequeñas y extrañas partículas. Y es precisamente en esta conclusión donde los postulantes al nobel de la farsa encontraron la “evidencia científica” de que “la mente domina la materia” y de pasada, nuestro destino. Lo increíble es que evaden, intencionalmente, dos argumentos básicos:

1)   La interpretación metafísica de los fenómenos cuánticos es, a lo menos, debatible. Los científicos prefieren un enfoque agnóstico objetivo antes de caer en explicaciones místicas.

2)   Los fenómenos cuánticos sólo ocurren a nivel sub-atómico y desafía la lógica el tratar de extrapolarlos a escala humana: no materializaré un billete de 20 mil pesos con solo pensarlo; no me mejoraré de diabetes si me concentro lo suficiente; no pararé el tren que está a punto de atropellarme emitiendo supuestas ondas cerebrales a la frecuencia correcta.

Ahora bien, algún seguidor de estos personajes de dudoso carisma podría quejarse a estas alturas: “¡Hey, a mí me resultó! Me concentré bastante en lograr mis objetivos y conseguí mejorar mi vida”. Bueno, dicho así, resulta bastante obvio. Cualquiera que se concentre y ponga todo su esfuerzo en algo probablemente lo consiga, pero es mérito de su dedicación, trabajo y algo de sugestión lo que eventualmente le trajo el éxito. En ningún caso fue el movimiento de partículas misteriosas que manejó con el poder de su mente.

Que quede claro que para mí el desarrollo espiritual es esencial en la vida de todo ser humano. No tengo problemas en discutir temas de astrología, teología, esoterismo, etc. Sería soberbio pensar que existe sólo lo material. El problema surge cuando estos supuestos gurúes embaucan a la gente, usando la ciencia como coartada, fomentando la ignorancia y cobrando millones en el camino.

En la próxima columna profundizaremos en lo desconcertante –e interesante- que puede resultar a veces comprender la física cuántica, a través de un conocido -pero pocas veces comprendido- ejemplo.

*Carlos Otto – Ingeniero Eléctrico USACH, Intérprete aficionado de Ukelele, Profesor de Física, Guitarrista Rítmico en FHT y Astrónomo frustrado.

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