Evidencia de agua líquida en Marte: cómo se hizo, qué significa y por qué debería importarnos

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por Néstor Espinoza*

“Evidencia de agua líquida en Marte”. Así reza parte del título del artículo recientemente publicado en la revista Science por investigadores italianos. El revuelo que ha causado esta noticia a nivel mundial no ha sido menor: agua líquida en nuestro planeta es casi equivalente a vida, por lo que la noticia ha generado un efecto enorme en la prensa a nivel internacional. Aún así, creo estamos obviando una parte muy importante del título del artículo: la palabra “evidencia”. No es “descubrimiento”, no es “irrefutable”; ¿existe alguna razón particular por la que esa palabra sale en el título y que, por lo tanto, deberíamos tener un poco de cuidado con nuestras extrapolaciones con respecto a este descubrimiento científico? Pues claro que sí. Y, justamente, me gustaría aprovechar esta columna para explicar por qué.

Contrario a lo que la gente piensa, la ciencia no está llena de momentos en los que un/a científico/a en bata blanca grita “¡eureka!”: en general, el proceso científico es bastante más lento y está lleno de errores e interpretaciones que, al final, resultan no ser del todo correctas. Un caso reciente en Marte fue, por ejemplo, unas marcas encontradas en la superficie marciana que aparecían durante los meses más calidos, y desaparecían en los meses más fríos. En el año 2015, un artículo en la también prestigiosa revista Nature Geosciences encontró evidencia para una explicación muy particular a este fenómeno: este podía producirse si durante los meses más cálidos, agua líquida bajo la superficie se evaporaba y ayudaba a formar estas líneas en el suelo marciano al hidratarlo, efecto que decaía durante los meses más fríos. En el 2015 esta noticia también causó revuelo mundial: era una de las primeras evidencias directas de agua líquida en el subsuelo marciano. Aún así, en el 2017 se tomaron más datos y la interesante hipótesis del agua líquida bajo la superficie se vio contrastada con la evidencia de que, en realidad, las mismas marcas podrían producirse sin la necesidad de que exista agua líquida bajo la superficie.

Es justamente por este tipo de casos que las/os científicas/os, en general, son muy cuidadosas/os cuando escogen las palabras para un título (y, por consecuencia, cada palabra que está dentro del artículo: que no quepa duda que cada frase está escrita con mucho detalle). En el caso particular de la evidencia de agua líquida encontrada por el equipo italiano la semana pasada, esto es claro como la misma agua que están intentando detectar con solo leer el título. En mi opinión, es justamente así como uno identifica un artículo científico: los absolutos se dan en muy, muy raras ocasiones.

Pero… ¿qué podría salir mal en el artículo recientemente publicado en la revista Science? Para entenderlo, es muy útil entender cómo se hizo la detección de la evidencia de agua líquida en Marte. Esta se realizó usando un instrumento llamado MARSIS: el Mars Advanced Radar for Subsurface and Ionosphere Sounding, que es un nombre complicado para un radar, el que se encuentra abordo de la misión Mars Express que, en este mismísimo instante está orbitando Marte. MARSIS lanza distintas ondas de radio (luz) a Marte, las que pasan a través de la superficie y rebotan con distintos materiales bajo la superficie (qué profundidad alcanzan depende tanto del tipo de onda lanzada como del material que atraviesan), devolviéndose a MARSIS, instrumento con el que se analizan las ondas que se devolvieron. Ahí, MARSIS sienta a las ondas, les pone una luz en la cara y las interroga. El dilema es que las ondas que van de vuelta no hablan. Entonces, los científicos tienen que ingeniárselas para extraer la información que la superficie con la que chocaron dejó en las ondas para deducir el tipo de material que se encuentra bajo la superficie; básicamente, examinan cualquier distorsión que tengan estas ondas y concluyen qué podría haber causado esa distorsión.

El tema con el análisis de las ondas de MARSIS es que es complicado en sí mismo. Lógicamente, no hay un solo material bajo la superifice, sino que probablemente diferentes capas de distintos materiales. Lo que los científicos hicieron entonces fue hacer modelos simplificados de estas capas (e.g., tres capas de tres materiales distintos) que explicaran las ondas que recibieron de vuelta, y lo que vieron es que un modelo en el que a 1.5 km de profundidad hay agua líquida calza con las ondas observadas. Pero eso no es el fin de la historia: ¿y si no hay un material bajo la superficie de Marte y son varios los que dejan a las ondas con marcas similares a las que deja un lago de agua líquida?, ¿y si las suposiciones del modelo que usaron no se cumplen?, ¿y si…? Todas estas preguntas los/as científicos/as que publicaron el artículo lo saben. He ahí la razón del título del artículo: evidencia. Los datos son consistentes con un lago de agua líquida. Pero quizá podría ser algo más. De hecho, gran parte del artículo se la pasa probando otras posibilidades, y se concluye que existen otras, pero no son tan probables como el modelo con agua líquida.

Mi postura al respecto es que es un artículo muy emocionante. De confirmarse, las posibilidades son sinceramente asombrosas, porque el área donde encontraron esta señal no es muy especial. ¿Y si es común el agua líquida bajo la superficie marciana?, ¿podría haber algun tipo de vida?, ¿más agua a profundidades más grandes (donde es más probable exista vida, de hecho)?, ¿y en qué localidades de Marte hay? Si lo pensamos, encontrar reservas de agua líquida no serían solo buenas noticias para la ciencia básica, sino que para cualquier misión tripulada que eventualmente viaje a Marte: no tendrían que pagar cuentas de agua. Simplemente, tendrían que purificar el agua una vez allá (asumiendo que nadie se adelante a privatizar agua en planetas que no sean la Tierra).

Sin duda, más experimentos vendrán detrás de este que tratarán de corroborar o refutar esta pieza del puzle del agua líquida en Marte. El futuro para de las misiones espaciales, sin duda, muestra atizbos de brillo; y, aparentemente, este brillo tiene un color bastante rojizo.

*Néstor Espinoza –  Astrónomo, Doctor en Astrofísica e Investigador del Max-Planck-Institut für Astronomie”. – twitter @nespinozap

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