El gato de Schrödinger

Por

Por Carlos Otto*

Lo que está a punto de leer es, por decir lo menos, escalofriante. Tanto, que hasta Einstein se negó a creerlo. Déjese asombrar por la mecánica cuántica y juzgue usted mismo:

Imagine una hoja de papel y sobre ella una moneda. Si se le pidiera indicar la posición exacta de la moneda, observaría rápidamente y diría “en la parte superior derecha”, o “al medio”, etc.

¿Pero qué pasaría si esa moneda tuviera una extraña particularidad que la hace estar en varios lugares de la hoja al mismo tiempo? Y no sólo eso: esta “extraña particularidad” implica, además, que nunca podrá saber estos lugares exactamente, sino que sólo podrá estimar una probabilidad de que la moneda esté en cierta región de la hoja u en otra.

Se podría decir entonces que esta “moneda fantasma” está en dos lugares a la vez, o dicho en jerga científica, en una superposición de estados. ¿Suena eso normal en un mundo como el nuestro? Por supuesto que no, pero en el minúsculo mundo del átomo esto sucede realmente, y se denomina fenómeno cuántico.

Intentar imaginar esto puede ser muy complejo. Para la mente lógica, no existen “dos versiones” de las cosas. Pero a nivel sub-atómico, no nos sirve nuestra lógica tradicional. Debemos dejar de lado nuestros prejuicios mentales y aceptar que ahí, en ese pequeñísimo lugar, la realidad no es una sola, sino varias realidades superpuestas.

Como si fuera poco, esta peculiar “moneda cuántica” tiene otra particularidad: sus “poderes” son tan frágiles que el sólo acto de observarla destruye sus “realidades paralelas”, quedando en una sola posición en la hoja.

A estas alturas, el mismísimo Einstein se negaba a creer todo esto. “Dios no juega a los dados”, le replicaba a su colega Edwin Schrödinger, uno de los formuladores de esta perturbadora teoría.

Fue este último el que ideó un experimento mental para visualizar esta verdadera locura del universo, llamado “El gato de Schrödinger”.

Imagine una caja hermética, donde no podemos ver ni oír nada de lo que pasa en su interior. Dentro de la caja hay un gato y un átomo radioactivo que tiene un 50% de probabilidad de descomponerse y un 50% de permanecer estable. La radiación mataría al gato. Si el átomo no se descompone, no emite radiación y el gato vive.

El átomo, que se comporta según las extrañas leyes de la mecánica cuántica, está en una superposición de estados: emite radiación y no emite a la vez. Por lo tanto, mientras no abramos la caja y no destruyamos esa superposición, el gato está vivo y muerto a la vez.

Ahora sí que esto se volvió bastante zafado. En nuestro mundo normal, regido por las tranquilas leyes de Newton, un gato está muerto o vivo, ¡pero jamás muerto y vivo simultáneamente! Al momento de abrir la caja para observar lo que pasó, colapsamos una de las dos realidades y vemos al gato vivo o muerto. En otras palabras: la curiosidad efectivamente puede matar al gato.

El doctor Schrödinger, con este ejercicio mental, no quería crear un gato zombie ni provocar a PETA, sino que sólo quería sembrar en la humanidad la idea de que el Universo esconde misterios capaces de quebrantar los verdaderos cimientos de la conciencia humana.

PD: Por último, si le genera dificultad la idea de imaginarse al gato de Schrödinger vivo y muerto a la vez, lo invito a ver esta divertida versión de los hechos:

*Carlos Otto – Ingeniero Eléctrico USACH, Intérprete aficionado de Ukelele, Profesor de Física, Guitarrista Rítmico en FHT y Astrónomo frustrado.

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