Una supernova desencadenó la formación del Sistema Solar

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Un equipo internacional de investigadores ha logrado reunir las pruebas suficientes para afirmar que la explosión de una supernova cercana desencadenó, hace miles de millones de años, el proceso de formación de nuestro sistema solar. El trabajo se publicó la semana pasada en Nature Communications.

La historia podría ser contada así: hace unos 4.600 millones de años, la enorme nube de gas y polvo destinada a convertirse en el Sistema Solar sufrió una intensa perturbación. El colapso gravitacional resultante hizo que se formara primero el Sol, que quedó rodeado por un disco de material de la propia nube y a partir del cual, algo más tarde, se formaron también los planetas.

¿Pero qué clase de perturbación podría haber provocado el colapso de la nube primigenia de polvo y gas? Los científicos afirman que una supernova, una estrella que llega al final de su vida con una enorme explosión, podría tener la energía suficiente para hacerlo. «Antes de nuestro modelo -afirma Alexander Heger, de la Escuela de Física y Astronomía de la Universidad de Monash- apenas si había algunas evidencias poco concluyentes para sustentar esta teoría». Pero ahora la cosa ha cambiado.

Para encontrar las pruebas que faltaban, los investigadores, dirigidos por Yong-Zhong Qian, de la Universidad de Minnesota- decidieron centrarse en una serie de núcleos atómicos radiactivos de vida muy corta y que solo se encuentran en el sistema solar temprano. Además, y debido a su corta existencia, estos núcleos solo podrían haber sido «disparados» por una supernova.

La abundancia de estos núcleos en los albores del sistema solar ha sido inferida a partir de los productos de su descomposición, hallados en meteoritos, que como se sabe son restos del material primigenio que no llegaron a convertirse en planetas. Como desechos de la formación del sistema solar, los meteoritos podrían compararse a los restos de ladrillos y morteros que sobran en una construcción. Por eso, ellos pueden decirnos con suma precisión de qué está hecho el sistema solar y, en particular, qué tipo de núcleos atómicos de corta duración fueron disparados por la supernova.

Según Heger, identificar estas «huellas dactilares de la supernova era justo lo que necesitábamos para acabar de comprender cómo se inició la formación del sistema solar. Y esas huellas nos indican que el ¨gatillo¨ fue una supernova de baja masa. Los hallazgos que aporta este estudio abren una nueva dirección en la investigación». Y suponen un paso importante en la comprensión del origen del sistema planetario en que vivimos.

Fuente: abc.es

 

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