Ondas gravitacionales: el verdadero “sexto sentido”

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por Néstor Espinoza*

El Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) ha concretado para este lunes una conferencia de prensa para anunciar “un descubrimiento sin precedentes”. Simultáneamente, la colaboración del Observatorio de Ondas Gravitatorias por Interferometría Láser (LIGO, por sus siglas en inglés), también ha anunciado una conferencia de prensa el mismo lunes para discutir “nuevos progresos en las observaciones de ondas gravitacionales”. ¿Coincidencia? Yo no lo creo. En esta columna discutimos la importancia de las ondas gravitacionales, cómo se relaciona esto quizá con el anuncio del próximo lunes, y por qué, de tener relación, sería uno de los descubrimientos más importantes del último tiempo.

Vivimos en una era dorada para la astrofísica. Hoy podemos decir que somos unos verdaderos maestros del espacio y el tiempo; tanto, que somos capaces de detectar la violenta unión de agujeros negros a millones de años luz de nosotros, solamente midiendo cómo estos perturban el espacio y el tiempo mientras se unen en esta violenta danza, perturbaciones que llegan a nosotros en forma de “ondas gravitacionales”: oscilaciones del espacio-tiempo que viajan hacia nosotros y que hoy, gracias a gigantes instrumentos en los observatorios LIGO y VIRGO, podemos detectar.

Lo interesante de la detección de las ondas gravitacionales es que son un sentido totalmente nuevo para el ser humano, y eso hace que su existencia sea un paso espectacular para la física (razón por la cual los principales descubridores de las ondas gravitacionales, hace unas semanas, ganaron el Nobel de física). Nuestros sentidos clásicos (vista, oído, olfato, gusto y tacto), por ejemplo, nos permiten experimentar infinidad de procesos físicos en nuestras vidas que sin alguno de ellos no serían lo mismo; un buen plato de comida, por ejemplo, se aprecia en su máxima expresión usando todos los sentidos. Aún así, incluso si hoy poseemos problemas para percibir alguno de ellos, la ciencia y nuestro ingenio nos permiten detectarlos con nuestros instrumentos e interpretarlos directamente con nuestros cerebros. Así, aunque no veamos, ni escuchemos, ni olamos, ni saboreemos, ni toquemos una unión de agujeros negros a millones de años luz de aquí, los instrumentos LIGO y VIRGO nos permiten saber que ese evento ocurrió gracias a las ondas gravitacionales: nuestro “sexto sentido” (como la película).

Como un buen plato de comida, un evento astronómico de magnitudes tales como la unión de dos objetos muy masivos (como lo son dos agujeros negros, pero podrían ser muchas otras combinaciones) solo es apreciado en su máxima expresión si podemos detectarlo con más de un sentido. Sentir las ondas gravitacionales y, además, verlo con algún telescopio “clásico” sería espectacular: nos permitiría entender muchos detalles del proceso que generó las ondas, por ejemplo. Lograr esto (verlo con un telescopio “clásico” y sentirlo con instrumentos que detecten ondas gravitacionales) es muy, muy difícil. La principal dificultad radica en que la detección de ondas gravitacionales no permite saber muy bien de dónde vienen estas ondas. Esto es similar a escuchar un grito lejano en una calle con mucha gente: se puede saber, más o menos, de dónde vino el grito, pero usualmente es difícil identificar a la persona exacta que gritó. De manera similar, a la fecha, nunca se ha “visto” con telescopios clásicos una fuente de una onda gravitacional. Esto podría cambiar, quizá, el próximo lunes.

Para el lunes 16 de octubre, dos grandes entidades astronómicas, independientemente, han llamado a conferencias de prensa para hacer anuncios de un “gran descubrimiento”. Por un lado el Observatorio Europeo Austral (ESO), base de muchos telescopios “clásicos”, ha anunciado para este lunes una conferencia de prensa para anunciar “un descubrimiento sin precedentes”. El mismo día, el Observatorio de Ondas Gravitatorias por Interferometría Láser (LIGO, por sus siglas en inglés), también ha anunciado una conferencia de prensa el mismo día para discutir “nuevos progresos en las observaciones de ondas gravitacionales”. Mi apuesta es a que la ESO y LIGO, simultáneamente, anunciarán el banquete perfecto: ondas gravitacionales detectadas por LIGO (provenientes, por ejemplo, de la unión de dos remanentes estelares) con observaciones realizadas con telescopios “clásicos” de la ESO que nos permiten “ver” la fuente; ¿cómo lo hicieron?, ¿qué nos dice esto del evento detectado por LIGO? Quizá, sólo quizá, nos enteraremos este lunes.

*Néstor Espinoza –  Astrónomo, Doctor en Astrofísica e Investigador del Max-Planck-Institut für Astronomie”. – twitter @nespinozap

 

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