La aceleración de la caída de los cuerpos

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Dice la leyenda que Galileo arrojó dos bolas de distinto peso desde lo alto de la Torre de Pisa para demostrar que ambas llegaban al suelo al mismo tiempo. Y aunque es muy probable que no haya realizado concretamente ese experimento, sí realizó muchos otros que tuvieron consecuencias trascendentales sobre la interpertación que se hacía en su época a las leyes del movimiento. Aristóteles decía que los objetos pesados caían más rápido que los ligeros. Pero Galileo demostró que la diferencia de velocidad sólo se debía a la distinta resistencia del aire ante los objetos y respaldó sus afirmaciones llevando a cabo numerosos experimentos en los que dejaba rodar bolas por un plano inclinado. Generalizando a partir de sus observaciones, demostró que si el aire no opusiera resistencia a la caída de los objetos, todos se acelerarían de la misma manera. Específicamente, probó que la distancia recorrida por un cuerpo que experimenta una aceleración constante partiendo del reposo, es proporcional al cuadrado del tiempo durante el que está cayendo.

Galileo también expuso la Ley de Inercia, según la cual el movimiento de un objeto conserva su velocidad y dirección a menos que sufra los efectos de otra fuerza. Aristóteles creía equivocadamente que un cuerpo sólo podía mantenerse en movimiento mientras se le aplicara una fuerza. Newton incorporó más adelante el principio de Galileo a sus Leyes del movimiento. Si no vemos evidente que un objeto en movimiento no se detiene de forma “natural” sin que se le aplique otra fuerza, podemos imaginar un experimento en el que una moneda se desliza sobre una mesa horizontal tan bien pulida y engrasada que no ofrece ningún tipo de rozamiento. En ese caso, la moneda se deslizaría eternamente sobre esa superficie imaginaria.

Bernard Cohen, científico e historiador de las ciencias estadounidense, decía que para valorar en toda su relevancia los descubrimientos de Galileo debemos comprender la importancia del pensamiento abstracto y en qué medida Galileo lo utilizó como una herramienta que, en su versión más desarrollada, fue un instrumento mucho más revolucionario para la ciencia que el propio telescopio.

Fuente: El libro de la Física – Clifford A. Pickover

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