El planeta extrasolar más cercano a la Tierra puede tener compañía

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El planeta extrasolar más cercano a la Tierra hasta la fecha fue dado a conocer por astrónomos españoles en agosto de 2016. Ese mundo potencialmente habitable gira alrededor de la estrella Próxima Centauri, la enana roja vecina del Sol, a poco más de cuatro años luz. Sus prometedores características -probablemente es rocoso, templado y un poco más masivo que el nuestro- y el hecho de que se encuentre casi a la vuelta de la esquina (dadas las dimensiones del Universo), lo han convertido en el emocionante primer objetivo para un futuro viaje interestelar.

Pues bien, es posible que el famoso Próxima b, como fue bautizado el planeta cercano, no esté solo. Un equipo internacional con participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA), centro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha anunciado el hallazgo de lo que parece ser un segundo planeta en el sistema, al que han denominado Próxima c.

Localizado gracias a los espectrógrafos UVES y HARPS, pertenecientes al Observatorio Europeo Austral (ESO), se trataría de una supertierra con una masa mínima seis veces la de la Tierra, pero mucho más baja que la de los gigantes de hielo del sistema solar, Urano y Neptuno. Además, gira en torno a su estrella a 1,5 veces la distancia entre la Tierra y el Sol y su año, el tiempo que tarda en orbitarla, equivale a 5,2 terrestres. Sorprendentemente, podría tener anillos, algo que hasta ahora no se ha detectado en un exoplaneta.

Emisión localizada

El hallazgo, publicado en la revista Sciences Advances, ha sido llevado a cabo dentro de la campaña denominada Red Dots («Puntos rojos», por la famosa frase de Carl Sagan que describe la Tierra como un punto azul pálido). Tras el descubrimiento de Próxima b, los investigadores observaron alrededor de Próxima Centauri posibles cinturones de polvo en una estructura similar a la del cinturón de Kuiper en el sistema solar. Pero, además, se fijaron en la emisión de polvo proveniente de un punto localizado.

«Una de las hipótesis planteadas es que se trataba de un planeta con uno o más anillos. Precisamente, esa emisión se encontraba a una distancia de la estrella en la que ahora se cree que está Próxima c», explica Pedro J. Amado, investigador del IAA. «Puede ser pura casualidad, pero si lo confirmamos podríamos estar ante la primera supertierra conocida con anillos», afirma. No es disparatado, ya que los anillos se forman alrededor de objetos espaciales de distintos tamaños, incluso asteroides de apenas un centenar de kilómetros.

Línea de nieve

Los astrónomos creen que la señal «parece muy convincente», pero aún no pueden descartar que se deba a otros factores, como un ciclo de actividad magnética estelar. Si se confirma su existencia, Próxima c puede proporcionar información sobre cómo se forman y nacen las supertierras. Y quizás una revisión de las hipótesis al respecto. Se cree que la mayoría se forman cerca de la línea de nieve o de congelación, a partir de la cual hallamos planetas gigantes gaseosos. A partir de esa línea, el agua se condensa en granos de hielo que se pegan juntos para construir planetas gaseosos gigantes. Sin embargo, la órbita del planeta rocoso candidato se encuentra más allá de ese punto.

La señal se encuentra en el límite de las capacidades instrumentales, por lo que los astrónomos esperan que los datos tomados con el satélite Gaia jueguen un papel decisivo para confirmar la existencia de Próxima c. Además, la proximidad del sistema y la distancia entre el planeta y la estrella, suficiente para que la luz del astro no oculte su brillo, apuntan a que podría convertirse en un objetivo principal para el seguimiento y la caracterización con la esperada instrumentación de imagen directa de próxima generación. ¿Podría haber más planetas en el sistema? «Es posible -dice Amado-, pero su tamaño o distancia pueden hacer muy complicado observarlos».

Fuente: abc.es

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